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El Horseshoe Café de Wickenburg

El Horseshoe Café de Wickenburg

Estos días hemos visto por la televisión numerosas manifestaciones en los Estados Unidos, pidiendo que se levante el confinamiento, que es percibido por los manifestantes como un ataque a la libertad. Muchos de ellos son seguidores de Trump, y mayoritariamente de estados del interior. Su protesta es vista como un poco irracional, desde Europa.
Pero ha habido una protesta paralela, en un sentido muy similar, a otro nivel. Se trata de los pequeños negocios locales que han decidido no respetar el cierre, argumentando que si lo hacen se van a pique. Consideran que tienen derecho a seguir ganándose la vida y conservar el negocio y propiedad. Recordad que en los Estados Unidos, cuando hay un incendio o terremoto, los informativos explican cuántas personas y propiedades han quedado afectadas, al mismo nivel de importancia. La propiedad privada (y esto incluye cualquier pequeño negocio) es sagrada.
En un pequeño pueblo de Arizona llamado Wickenburg, Debra Thompson ha decidido abrir su café/restaurante. Hay que tener en cuenta que esta época del año es el final de la temporada alta en Arizona. Miles de pajaritos del invierno se  van hacia el norte, después de haber pasado el invierno en Arizona. Wickenburg es una buena parada para comer o cenar en la ruta hacia el norte. Tener cerrado en estas semanas es garantía de pasar un mal verano, cuando el Sol aprieta más fuerte en el desierto de Sonora, los turistas son más bien escasos y se sobrevive con los ahorros de las reservas que has podido acumular en invierno.
Por la razón que sea, este gesto no ha pasado desapercibido, y Debra ha llenado su café cada día, incluso con gente que ha conducido desde lejos para apoyarla. Ella a menudo viste una camiseta con la imagen de Trump, y es evidente que el hecho de abrir ha sido también un acto político.
Sólo el tiempo nos acabará diciendo si abrir su café ha sido un grave error e irresponsabilidad que pagarán sus clientes y trabajadores (o ella misma). Pero lo que si queda claro es que en los Estados Unidos hay una actitud por parte de una parte de la población, que no permite que la lucha contra el coronavirus traspase unos derechos individuales, que pasan por encima del interés social. Sobre todo, si ese interés social perjudica a su negocio. No se trata de grandes empresas o multinacionales de la globalización, monstruos del capitalismo, sino de minúsculas empresas que se rebelan. Los gobiernos de los estados han quedado medio paralizados ante estas protestas. Da la sensación que los Estados Unidos van directos a la batalla a ganar o morir con las botas puestas, al estilo del viejo salvaje oeste americano.
Autor: Francesc Nolla
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